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Jul 27

La catástrofe olímpica de Brasil

El 17 de junio, a menos de 50 días de la inauguración del evento, Río de Janeiro se declaró en “estado de calamidad pública”. Una crisis financiera les impide honrar su compromiso con los juegos olímpicos y paralímpicos, según dijo el gobernador.

La situación es tan severa, declaró, que podría ocasionar “el colapso total de la seguridad pública, el sistema de salud, la gestión educativa, el manejo de la movilidad y del ambiente”. Las autoridades ya tienen permiso para racionar los servicios públicos esenciales, y el gobierno federal podría otorgarle fondos de emergencia al estado.

Usualmente se aplican estas medidas en caso de terremotos o inundaciones, pero las olimpiadas son una catástrofe predecible, previsible.

Hace poco fui a Río para ver cómo iban los preparativos. Spoiler: nada bien. La ciudad entera está en obra negra. Hay ladrillos y tuberías por todas partes, y algunos trabajadores empujan las carretillas con pereza, como si los juegos estuvieran programados para el 2017.

Nadie tiene idea de qué serán los sitios en construcción, ni siquiera la gente que los hace: “Son para los juegos olímpicos”, repiten todos y después lanzan especulaciones como “sitios donde se sientan los jueces del fútbol o del voleibol, supongo”.

Le pedí un tour a la oficina de prensa, pero me ignoraron olímpicamente. Casi todos los sitios están sin terminar y los pocos proyectos terminados no inspiran mucha confianza. En abril, una ruta para bicicletas recién inaugurada a la orilla del mar colapsó, y dos personas murieron en el accidente.

La seguridad es un tema que preocupa a turistas y atletas por igual, y con toda la razón del mundo: según los reportes locales hay batallas territoriales constantes entre los carteles de la droga en, por lo menos, 20 barrios de Río.

Hace 8 años, el gobierno estableció las Unidades de Policía Pacificadora, fuerzas muy armadas que pretenden quitarle el control de las favelas a los grupos criminales. Sin embargo, parece que las unidades empeoraron la guerra en lugar de terminarla; en lo que va del año han sido asesinados 43 policías en el estado, y por lo menos 238 civiles han muerto en enfrentamientos con la policía.

Todo el mundo teme que la violencia se incremente durante los juegos. Brasil desplegará a 85.000 soldados y oficiales, aproximadamente el doble de efectivos que en Londres 2012.

También les preocupan las frecuentes balaceras cerca de los estadios y en las vías de acceso a esas instalaciones: en este 2016 ya van 76 personas heridas por balas perdidas; 21 de ellos murieron.

El 19 de junio, alrededor de 20 hombres con rifles de asalto y granadas entraron al hospital público más grande de la ciudad a liberar a un supuesto capo en custodia policial; en esa incursión murió un hombre y dos más fueron heridos.

Además, las más de 500.000 personas que llegarán a Río para ver los juegos deberían estar preocupadas por lo fácil que es meterse accidentalmente a un área peligrosa por la falta de señalizaciones en las calles y el transporte.

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